(Para Laura, y demás amigos)
 
La niña que me gusta
La niña que me gusta tiene
los ojos pequeños y pícaros, una boquita roja bien definida y una nariz pequeña que encanta ("se le pierde la naricita cuando sonríe", como dice mi abuelita)

La niña que me gusta tiene la piel blanca como leche y una hija, nuestra, color chocolate y de ojos miel.

La niña que me gusta tiene unas piernas únicas. Cuando usa falda, atraen; son hermosas. Sus pies me gustan por tiernos; tiene unos dedos como niños, juguetones. Ella no deja que se los toquen, pero yo disfruto sólo con verlos.

La niña que me gusta cuenta historias, tiene muchas historias por contar. Y escucha las mías, es gran oyente; aunque no son divertidas.

La niña que me gusta es pequeña pero su espírítu inmenso. Ella no lo sabe, pero cuando descubra su potencial va a volar alto, mucho, como merece; ojalá no todavía para que no se de cuenta de que a la niña que me gusta la amo porque ella, para mí, es inalcanzable.
 
Desgraciadamente, se escribe a los escritores
 Marguerite Yourcenar
Sagrado oficio este de la escritura. Siempre se enfrenta uno al síndrome de la hoja en blanco, pero cada vez con mayor vehemencia: ya me hacía falta contar tantas cosas por contar. Y sé que ahí, sin conocerlo ni conocerme, alguien lee.
 
Las vacaciones en diciembre, el inicio en la universidad, el trabajo... el amor, sobre todo el amor; todos me han deparado sorpresas. Pero aquí he vuelto -como el Quijote- al comienzo de la segunda salida.
 
La desgracia no es no poder decirlo. La desgracia es poder y no hacerlo.
 
 
post scriptum. Gracias a los que dan la leidita. La constancia les logra lo que la falta de talento no me permite alcanzarles
 

Bajaba por la calle Ayacucho, en el cruce con El Palo, llegando a la iglesia en la que se encuentra medio Medellín: la de San José. Al pasar en mitad de cuadra, en la entrada destartalada y envecejecida del "Fotoestudio Yepes" me percaté de unos tacones en el suelo y unos piernas al aire agitándose como las de un bebé en berrinche. Al acercarme, la vi intentar pararse.

 

Podría tener 25 años, quizá menos, pero aparentaba más edad. Su pelo negro, despeinado, y sus ojos maquillados a lo más, con exceso de pestañina. Su cara reflejaba una vida vivida prematuramente. Era de ese tipo de mujeres que, sin uno saberlo lo sabes, que sólo andan con hombres casados, que buscan una estabilidad inestable en relaciones callejeras.

 

Él, un tipo de unos cuarenta años, bajito, barrigón y con esa cara de típico hombre machista colombiano, la estrujaba mientras ella intentaba pararse. Trataba de recoger sus tacones pero no mostraba afán por irse. Él tampoco mostraba empeño en violentarla, sólo la lanzaba contra el suelo. Quizá prefería verla a sus pies que enfrentarla en igualdad, quizá no valía la pena hacerle reclamos de manera más vehemente.

 

Dos policías, juntos a ellos, veían la escena mientras trataban de disuadir al señor, que no se inmutaba ante los uniformados mientras la mujer se paraba y continuamente volvía al suelo. En uno de esos intentos se acercó a él, "Es un hijueputa", fue todo lo que le escuché decir como hablándole a los policías. Ya al pararse, estos se interpusieron entre el hombre y ella para evitarle ir al suelo otra vez.

 

Mientras, yo seguía mi camino al Metro, aún faltaban varias cuadras. Supongo que fue un lío entre amantes, quizá ella se tomó un café con otro o de pronto fue el quien resultó increpado. De cualquier modo, ella mostraba indignación por el maltrato pero jamás trató de escapar o defenderse. Y lo buscaba, siempre se acercaba a él.

 

Es probable, si los policías actuaron, que el tipo haya dormido aquella noche en la estación. Ya debe estar estar afuera. Y ella, ella está con él de nuevo.

 
Esta semana se registró la visita 200 a este espacio. No sé si será real interés o mucha gente anda buscando sentido en la red, pero gracias por leer. Y criticar. Alguien se atrevió a escribir "esto qué es?".  Mientras, como Don Quijote a Sancho: volvamos a nuestras andadas
Agúzate Peralta que voy a escribir...
                                 Fernando Vallejo

La Internet avanza a pasos agigantados. Encuentra uno cosas traídas de los cabellos, realmente poco imaginadas. Y, más allá, se plantea como un espacio para el libre ejercicio de la participación. Para la inclusión, en este mundo de excluidos.

Aún siendo la era de la informática, la "tercera revolución industrial", la sociedad de la información se acerca, se compila, se globaliza pero no se comunica. O poco se comunica. Encontramos así los ejercicios de integración que, amén de las nuevas tecnologías, nos muestran las diversas formas de participar en la aldea global, las distintas maneras de concebir ya una misma idea, ya una visión del mundo.

Esto lo traigo a colación porque encontré una página divertida, con un ejercicio quizás insólito pero muy diciente para los que gustamos de observar el comportamiento del (los) individuo(s).

El reloj humano, Human Clock, como muestra de las diversas formas de manifestar lo inexorable del paso del tiempo. Esa es mi muestrecita del día, la degustación que dejo. Dixi

 
"No me acuerdo, pero no es cierto. No es cierto, y si fuera cierto, no me acuerdo"
Pinochet en respuesta sobre si él como Presidente de la República era jefe directo de la DINA, el servicio de policía política responsable de gran parte de las desapariciones en Chile.
 
 
Como dice el profesor Álvaro Ramírez en Ojo al texto  "la manera como se expresa el exmilitar no sólo es torpe y ambigua sino cínica". Dice no recordar detalles puesto que "me están preguntando de cosas que sucedieron hace 30 años", pero ¡vaya ironía! Chile y el mundo sí lo recuerdan y lo seguirán recordando, como los judíos su Holocausto y los sudafricanos el Apartheid. Al parecer la amnesia es selectiva: sólo recae sobre aquellos que tienen el verdadero testimonio de lo sucedido.
 
Quizá Dios sí lo perdone si se excedió,  aunque él no crea.
 
Una lagartija inconsecuente enamorose de una lombriz perdidamente, enterada la terrestre del embate decidiose a ser esquiva, cual amante. Asumiendo con agucia tal escollo se apostó digna y señorita, diligente, mas su corazón cayose en el embrollo y la hermosa enamorose totalmente.
Confesión en tres actos
 (O del favor que Lizeth prometió a la mamá de Mauricio)
 

Acto I

 

En la vida hay cosas que no pueden contarse y más cuando uno promete fidelidad y discreción.   Así que por favor no preguntes nada de nada, porque no voy a decirte.

 

Acto II

 

¿Qué tiene de malo que su mamá me pida un favor?  Es un asunto totalmente independiente de su amistad y nuestra compinchería.  ¿O acaso qué le choca de esta situación?

 

Acto III

 

Guarde silencio.

 

 

A continuación, los dos confidentes entran en discusión. Él, encrespado y atrabiliario, en un arranque de furia le destroza la cara con sus cortas pero ahora peligrosas uñas.

 

Termina así, una conversación que nunca empezó. Fin y tragedia.

 

Cae el telón.
 

 

FIN
¡Y pensar que la temporada de invierno aún no termina! Según los servicios meteorológicos, todavía podrían aparecer otros ocho huracanes -o a lo menos, tormentas tropicales-.
Mientras Providencia y Santa Catalina se sobreponen al coletazo de 'Beta', nosotros seguimos a la espera de una pronta tregua de San Pedro para no ser testigos de más tragedias que, verbigracia la de Bello, se suceden con cada aguacero.

Ojalá no se nos enfríe también el espíritu en esta temporada.
Más sobre el concierto de Juanes
(Para Katita... y otros amigos)
El pasado domingo 16 de octubre, Juanes, en compañía de otros varios artistas (Entre tres, Tres de Corazón, Octavio Mesa, Coffee Makers), ofreció en Medellín, su ciudad natal, nuestra ciudad, un multitudinario concierto gratuito en conmemoración de los 330 años de la Ciudad de la Eterna Primavera.
 
El evento, auspiciado por el gobierno municipal, congregó a cerca de 100.000 personas que disfrutaron de la música y espectáculo de tales artistas locales. El lugar escogido: la avenida San Juan frente a La Alpujarra, sede del gobierno local y regional. Así, en una gran avenida se encontraron miles de antioqueños para celebrar tan singular cumpleaños.
 
Más de cinco horas de música y diversión, la mitad de las cuales Juanes usó para hacer gala de su talento y poder de convocatoria, sirvieron para rendir sentido homenaje a la ciudad que, entre montañas, arrieros y flores, se convirtió en polo de desarrollo de la Colombia de principios del siglo XX y ejemplo de amor por la tierra para todo el país.
 
La nota máxima de la noche, tras la presentación de Juanes y su posterior reaparición a petición del público, la pusieron todos los artistas convocados al evento, el alcalde de la ciudad, Sergio Fajardo, y los futbolistas Mauricio Chicho Serna y Víctor Aristizábal, insignes deportistas de la región; quienes, al compás de Juanes, entonaron todos el himno antioqueño, para dar cierre al magno suceso.
 
Queda para la historia el recuerdo del espectáculo más multitudinario que ha logrado hacerse en Medellín, el cual fue muestra de civismo por el buen comportamiento de los mares de gente y la gran convocatoria que se logró en torno a la figura del artista colombiano del momento. Queda el esfuerzo que hizo la administración local por ofrecerle una gran fiesta a Medellín. Y queda el agradecimiento por el regalo que Juanes y los artistas acompañantes dieron a la ciudad.  Juan-es Medellín .
 
 
Sin duda fue el concierto más multitudinario que ha tenido la ciudad en su historia.
 
 
Juan-es Medellín
¡Qué fiesta y qué invitados! Todo salió como lo habían previsto los anfitriones: Sergio Fajardo y Juan Esteban Aristizábal desde hace meses cuando empezaron a planear el festejo y acordaron que el primero se encargaría de la logística y el segundo de la música.

Los invitados llegaron puntuales, algunos en exceso, porque pasaron la noche en el lugar antes de que les abrieran las puertas. Fueron 100.000 personas las que recibieron las tarjetas de invitación timbradas con fecha y hora: el cumpleaños de Medellín era la razón que los congregaría durante cinco horas en San Juan.

Si bien en la tarjeta no estaba especificado el tipo de vestuario adecuado para la ceremonia, muchos optaron por las camisetas negras con letras blancas que tanto le gustan a Juanes para no desentonar.

Al final, no quedó más que felicitar a los anfitriones por esta fiesta tan bacana.
 
 
 Henry Agudelo | El Colombiano