Marguerite Yourcenar
Bajaba por la calle Ayacucho, en el cruce con El Palo, llegando a la iglesia en la que se encuentra medio Medellín: la de San José. Al pasar en mitad de cuadra, en la entrada destartalada y envecejecida del "Fotoestudio Yepes" me percaté de unos tacones en el suelo y unos piernas al aire agitándose como las de un bebé en berrinche. Al acercarme, la vi intentar pararse.
Podría tener 25 años, quizá menos, pero aparentaba más edad. Su pelo negro, despeinado, y sus ojos maquillados a lo más, con exceso de pestañina. Su cara reflejaba una vida vivida prematuramente. Era de ese tipo de mujeres que, sin uno saberlo lo sabes, que sólo andan con hombres casados, que buscan una estabilidad inestable en relaciones callejeras.
Él, un tipo de unos cuarenta años, bajito, barrigón y con esa cara de típico hombre machista colombiano, la estrujaba mientras ella intentaba pararse. Trataba de recoger sus tacones pero no mostraba afán por irse. Él tampoco mostraba empeño en violentarla, sólo la lanzaba contra el suelo. Quizá prefería verla a sus pies que enfrentarla en igualdad, quizá no valía la pena hacerle reclamos de manera más vehemente.
Dos policías, juntos a ellos, veían la escena mientras trataban de disuadir al señor, que no se inmutaba ante los uniformados mientras la mujer se paraba y continuamente volvía al suelo. En uno de esos intentos se acercó a él, "Es un hijueputa", fue todo lo que le escuché decir como hablándole a los policías. Ya al pararse, estos se interpusieron entre el hombre y ella para evitarle ir al suelo otra vez.
Mientras, yo seguía mi camino al Metro, aún faltaban varias cuadras. Supongo que fue un lío entre amantes, quizá ella se tomó un café con otro o de pronto fue el quien resultó increpado. De cualquier modo, ella mostraba indignación por el maltrato pero jamás trató de escapar o defenderse. Y lo buscaba, siempre se acercaba a él.
Es probable, si los policías actuaron, que el tipo haya dormido aquella noche en la estación. Ya debe estar estar afuera. Y ella, ella está con él de nuevo.
Agúzate Peralta que voy a escribir...Fernando Vallejo
La Internet avanza a pasos agigantados. Encuentra uno cosas traídas de los cabellos, realmente poco imaginadas. Y, más allá, se plantea como un espacio para el libre ejercicio de la participación. Para la inclusión, en este mundo de excluidos.
Aún siendo la era de la informática, la "tercera revolución industrial", la sociedad de la información se acerca, se compila, se globaliza pero no se comunica. O poco se comunica. Encontramos así los ejercicios de integración que, amén de las nuevas tecnologías, nos muestran las diversas formas de participar en la aldea global, las distintas maneras de concebir ya una misma idea, ya una visión del mundo.
Esto lo traigo a colación porque encontré una página divertida, con un ejercicio quizás insólito pero muy diciente para los que gustamos de observar el comportamiento del (los) individuo(s).
El reloj humano, Human Clock, como muestra de las diversas formas de manifestar lo inexorable del paso del tiempo. Esa es mi muestrecita del día, la degustación que dejo. Dixi
"No me acuerdo, pero no es cierto. No es cierto, y si fuera cierto, no me acuerdo"
Acto I
En la vida hay cosas que no pueden contarse y más cuando uno promete fidelidad y discreción. Así que por favor no preguntes nada de nada, porque no voy a decirte.
Acto II
¿Qué tiene de malo que su mamá me pida un favor? Es un asunto totalmente independiente de su amistad y nuestra compinchería. ¿O acaso qué le choca de esta situación?
Acto III
Guarde silencio.
A continuación, los dos confidentes entran en discusión. Él, encrespado y atrabiliario, en un arranque de furia le destroza la cara con sus cortas pero ahora peligrosas uñas.
Termina así, una conversación que nunca empezó. Fin y tragedia.
FIN
Mientras Providencia y Santa Catalina se sobreponen al coletazo de 'Beta', nosotros seguimos a la espera de una pronta tregua de San Pedro para no ser testigos de más tragedias que, verbigracia la de Bello, se suceden con cada aguacero.
Ojalá no se nos enfríe también el espíritu en esta temporada.
Los invitados llegaron puntuales, algunos en exceso, porque pasaron la noche en el lugar antes de que les abrieran las puertas. Fueron 100.000 personas las que recibieron las tarjetas de invitación timbradas con fecha y hora: el cumpleaños de Medellín era la razón que los congregaría durante cinco horas en San Juan.
Si bien en la tarjeta no estaba especificado el tipo de vestuario adecuado para la ceremonia, muchos optaron por las camisetas negras con letras blancas que tanto le gustan a Juanes para no desentonar.
Al final, no quedó más que felicitar a los anfitriones por esta fiesta tan bacana.
Otra vez...
He aquí el amor
Pasaron así 1095 días siendo infelices casi siempre, y casi a gusto de vez en cuando. Al llegar el día número 1096, él le dijo que ya no le quería hacer más daño y ella no le respondió; él sabía que eso era sólo una excusa, mala, por cierto, ya que a él le fascinaba que a ella le doliera.
Ella, por su parte, seguía en silencio y él se molestó… se molestó tanto, que decidió no marcharse para seguir haciendo lo que a ella más le dolía, sólo porque ella acababa de hacer lo que a él más le molestaba.
He aquí el 'amor', terminó diciendo el poeta después de escribir esas líneas; un instante después, se paró y fue a hacerle la vida infeliz a la mujer que amaba, ya que sabía perfectamente lo que a ella le dolía"
AnGeLuS, Colombia.