Ecos de una derrota: del bambuco a la milonga El fútbol. Ese deporte canalla. Nos da alegrías en la misma medida que da tristezas. El espíritu del aficionado, siempre altivo, siempre creyente, nunca abdica. Y soporta largamente las más infames decepciones, así como celebra incesantemente las alegrías y glorias efímeras que ofrece. Fueron 10 minutos de alegría tras una hora de sufrimiento. La gloria que se consigue con sacrificio es mejor apreciada, pero más profundo también el dolor cuando esa gloria no dura. Ese 2-0 en contra, sentenciador, daba al traste con las ilusiones -ungidas con babas- de todos los que observábamos el partido. Hasta que hubo un gol. Allí, la esperanza regresó; esperanza que, casualidad o pundonor deportivo, se vio recompensada tres minutos después por aquel cabezazo memorable de Ángel. Aquel gol, más que gol, era empate, era alegría, era... era satisfacción. Así, la gloria sabía a sublimidad; más que empate, era victoria. La alegría colombiana contrastaba con la, no tristeza sino estupefacción uruguaya. Pero el sueño terminó [las alegrías colombianas, o son incompletas o no duran. Como Borges: los colombianos son un acto de fe]. Los diez minutos de felicidad terminaron con aquel tercer gol de Zalayeta quien, como verdugo de la noche, había sido protagonista de los otros dos tercios lesivos y ahora daba la estocada final; clavaba la espada cual matador ¡olé, torero!. La alegría del fútbol es el gol. Es el orgasmo, como dice Eduardo Galeano. Pero es un orgasmo no compartido y así, hay un derrotado que se traga su desengaño esperanzado en que la próxima vez será. Ojalá para la selección Colombia lo sea, o ya no habrá mundial para nosotros, muchos. De nuevo.

Comments (3)

On lunes, septiembre 05, 2005 7:29:00 p. m. , Coffee Maker dijo...

Bueno pues por andar de rapidez no puedo comentarte bien, pero volveré. Gracias por pasar por mi blog.

 
On martes, septiembre 06, 2005 9:46:00 a. m. , wintermute dijo...

La verdad (comentario futbolero digno de Ivan Mejia) se veia venir: no se puede esperar clasificar a una copa mundo dependiendo de los demas, practicamente. Eso de "si le ganamos a fulatino y necesitamos que menganito le gane a sutanito" es triste, y por ese solo hecho merecemos no ganar nunca. Por mediocres.
Saludos y gracias por visitarme!

 
On martes, septiembre 06, 2005 10:59:00 p. m. , clipp dijo...

De entre las verdaderas religiones del siglo XXI, este deporte genera más convicción y pertenencia que muchos argumentos sublimes. Salud!